“Desde que tengo memoria, la música ha sido una parte fundamental de mi vida escolar”, comenta. “Incluso en la primaria, cuando la clase de música era una actividad semanal rotativa, siempre era lo que más esperaba.” — Finn McGuire, generación del 2026 de la Escuela Secundaria Park City.
Al conversar con Finn McGuire, estudiante de último año en Escuela Secundaria Park City quien ha estado profundamente involucrado en programas de música y teatro a lo largo de su trayectoria escolar, hay algo que destaca de inmediato: el acceso que tienen los estudiantes para explorar sus intereses dentro de las escuelas de Park City es realmente excepcional. La música se introduce desde edades tempranas y, en el caso de Finn, esa primera exposición se transformó con el tiempo en una pasión duradera, una que planea seguir desarrollando en la universidad.
“Desde que tengo memoria, la música ha sido una parte esencial de mi vida en la escuela”, comparte. “Desde la primaria, cuando la música formaba parte de las clases especiales semanales, siempre era lo que más ilusión me hacía.” Para sexto grado, los estudiantes deben integrarse a la banda de marcha, orquesta o coro. Fue entonces cuando Finn comenzó a explorar distintos instrumentos.
“Empecé con el violín porque mi hermana mayor, Hailey, lo tocaba, así que pensé que eso era lo mío”, explica. “Pero después de unas tres semanas en la orquesta, decidí cambiarme a banda y comencé a tocar la flauta. Luego, en séptimo grado, terminé tocando clarinete casi por accidente: el primer día de clases olvidé mi flauta y la maestra Morgan me dio un clarinete.” Para octavo grado, ya estaba completamente involucrado. “Formaba parte de la banda de marcha, la banda de animación (pep band), la banda de concierto, la banda de jazz y la orquesta filarmónica”, recuerda.
Tocar entre cuatro y cinco instrumentos en una misma semana no es algo común en un estudiante de secundaria. Sin embargo, en un distrito que prioriza el acceso y valora las oportunidades en las artes, cobra todo el sentido.
“Tuve la oportunidad de probar y aprender más instrumentos de los que mi familia habría podido costear”, comenta Finn. “He crecido en una comunidad donde la fundación educativa ayuda a financiar estos programas y se asegura de que estén al alcance de todos los estudiantes.”
Ese mismo acceso también se refleja en el teatro, donde Finn encontró otra forma de expresión
creativa y liderazgo. El musical de este año, 9 a 5, reunió a casi 90 estudiantes entre elenco,
equipo técnico y orquesta, y le dio la oportunidad de participar como director de la orquesta del
foso (Pit Conductor).
Asimismo, reconoce la influencia de profesores que marcaron su camino, como la maestra Morgan en secundaria, así como el Sr. Taylor, el Sr. Giddings y el Sr. Silverman en secundaria, quienes lo motivaron y retaron a crecer.
Tras su graduación, Finn planea continuar sus estudios musicales en la Universidad de Utah, donde se especializará en interpretación de clarinete, el mismo instrumento que comenzó a tocar casi por casualidad en secundaria y que lo ha acompañado desde entonces.
¿Su consejo para otros estudiantes?
Si tienes aunque sea un poco de curiosidad por intentar algo, hazlo mientras estás en la escuela”, recomienda. “Por ejemplo, ahora puedo tomar una clase como Colocación Avanzada (AP)en Teoría Musical con excelentes profesores, mientras que en la universidad tendría que pagar miles de dólares por lo mismo. Aunque no te dediques profesionalmente a la música o a las artes, esa oportunidad de experimentar y aprender es increíblemente valiosa.”
Los donantes de la Fundación Educativa de Park City (PCEF, por sus siglas en inglés) apoyan las artes en todas las escuelas, incluyendo fondos para programas de música y teatro en Escuela Secundaria Park City.

